El guión

 

Ana Maroto, guionista de El Sexo de los Ángeles, nos envía un bonito texto acerca de los orígenes del proyecto, como surgió y como comenzó a escribirlo acompañada del director.  ¿Cuál es la esencia de esta historia?

Hace ya mucho tiempo que Javier Villaverde me llamó para trabajar en un guión que se iba a llamar El sexo de los ángeles, y del que ya tenía una primera versión.

 

No convencido de que esa historia fuera la que él buscaba, me invitó a colaborar con él para aportar una mirada ajena y nueva y reescribir una nueva versión, distinta.

 

Lejos quedan aquellos momentos de nuestra incipiente colaboración y mucho más lejos aquella primera versión que fue el arranque del proyecto.

 

Nada hay más difícil que trabajar sobre un material acabado y tratar de aportar algo distinto que respete el trabajo anterior y que al mismo tiempo respire con nueva vitalidad. Por eso, tras muchas dificultades y delicados debates, decidimos apartarnos del guión original para poder trabajar con la mente virgen, sin dependencias ni coacciones.

 

El sexo de los ángeles emprendió su nuevo camino rescatando de la antigua mochila el material más esencial: teníamos una joven pareja de novios que eran felices y se amaban y deseaban, pero aparecía una tercera persona que pondría en crisis la relación.

 

El cambio principal en el nuevo guión fue la voluntad de contar una historia basada no sólo en los vaivenes sentimentales debidos a la atracción sexual, el deseo, sino en algo más profundo: explorar la naturaleza del amor, de sus límites, de la comprensión y la tolerancia.

 

Así que en la historia de El sexo de los ángeles íbamos a cuestionar ciertos tabúes sociales. A través de los personajes secundarios mostraríamos las reacciones e ideas habituales, las de nuestro público potencial, para poner en tela de juicio todas aquellas afirmaciones de las que no dudamos. Trataríamos de inducir, mediante la transgresión,  a la duda y a la reflexión sobre nuestros principios básicos en materia sentimental.

 

Largo ha sido ese camino, lleno de senderos farragosos, aguas empantanadas y distintos obstáculos  hasta llegar a nuestro destino. Pero aquí estamos. Y ahí están Carla, Bruno y Rai, configurados en seres de carne y hueso. Por fin han dejado de ser invisibles, de ser ideas, para existir en el milagro de una película.

 

Esta es la historia de una amistad a través del tiempo, la de los tres protagonistas de El sexo de los ángeles, y la mía con su director, Javier Villaverde.

Para él, un gran abrazo.

 

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